Poetas Andaluces

Biografía y obra de

Alberto Lista

(1775-1848)

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Alberto Lista  , Poetas Andaluces en www.poetasandaluces.com

“...ven; contigo la paz, la tolerancia,
y la amistad hermosa
embellezcan la tierra ya dichosa.”

Alberto Lista


Alberto Rodríguez de Lista y Aragón (Sevilla, 15 de octubre 1775 - Sevilla, 5 de octubre 1848), matemático, poeta, periodista y crítico literario español.


Nacido en Sevilla el 15 de Octubre de 1775, en el bonito barrio de Triana. Hijo de Francisco Rodríguez de Lista y de Paula Aragón fue un niño superdotado, hábil en matemáticas y humanidades. Estudió en la Universidad de Sevilla Filosofía y Teología y además Matemáticas. A los trece años ocupó la Cátedra de Matemáticas en la “Sociedad Económica de Amigos del País”. En 1789 es ya bachiller de filosofía, y en 1795 de teología. Desde 1796 enseñó Matemáticas en el Real Colegio de San Telmo de la capital hispalense. Fue ordenado sacerdote en 1803; colaboró como poeta en El Correo Literario y Económico de Sevilla (1803-1808).

Le influyeron fuertemente las ideas filantrópicas del “enciclopedismo”, abrazó la causa josefina dedicando cantos al mariscal Soult y transformándose en su propagandista, y hasta escribió discursos y arengas para el ejército extranjero. Fundó con Matute la Gaceta Ministerial de Sevilla (1808-1809). A consecuencia de todo esto tuvo que exiliarse por “afrancesado” al acabar la Guerra de la Independencia; regresando a España en 1817.Pasó por Pamplona y Bilbao y al fin se afincó en Madrid con el triunfo de la revolución de Rafael del Riego. Allí colaboró en el Periódico del Ministerio de Gobernación de la Península (1823) y fundó con otros dos afrancesados, Sebastián de Miñano y Hermosilla, la revista El Censor (1820-1822), la de contenido más intelectual de su época, y más tarde El Imparcial(1821-1822). En 1820 fundó el Colegio Libre de San Mateo en el que desempeñó tres asignaturas, pero el Gobierno, pretextando que allí se enseñaban y profanaban doctrinas contrarias al orden y a la Religión, ordenó cerrar el colegio y obligó al doctor literato a expatriarse.

Publicó entonces en Bayona la Gaceta de Bayona. En 1827 vuelve a España; permaneció algún tiempo en San Sebastián como redactor de La Estafeta de San Sebastián (1830-1831). Con la muerte de Fernando VII volvió definitivamente en 1833 para dirigir la Gaceta de Madrid hasta julio de 1837. Se le ofreció el obispado de Astorga, pero lo rechazó; dirigió además La Estrella, periódico a favor de la causa de Isabel II, y en 1836 ocupó una cátedra en el Ateneo de Madrid y explicó matemáticas en la Universidad Central. Marchó a Cádiz y allí se dedicó a la enseñanza en el Colegio San Felipe Neri y colaboró en El Tiempo (1839-1840); luego fue a Sevilla y enseñó en la Academia de Bellas Artes y en la Universidad de Sevilla. Presidió allí la Academia de Buenas de Letras y fue nombrado canónigo de la catedral hispalense al fin. Ingresó en 1847 en la Real Academia de la Historia con un discurso sobre el Carácter del Feudalismo en España en el que negaba su existencia.

Se condujo siempre con actitud política acomodaticia y oportunista, pero cuando le dejaban expresarse libremente se mostraba radicalmente liberal. Aunque tuvo como modelos a escritores clásicos del siglo XVI y del Neoclasicismo, en su obra ya se anuncia un Romanticismo que llegaría poco después por la gran importancia que dio a lo personal e íntimo en sus composiciones. En su obra pedagógica puede observarse la contradicción entre su profesión eclesiástica y sus tendencias masónicas. Sus poesías no se volvieron a publicar hasta 1927; poseen un valor muy superior al que le suelen asignar los que no las han leído. Han escrito sobre él Juretschke, Fernández Espino, Antonio Ferrer del Río, Pérez Anaya y Manuel Chaves entre otros.

Lista fue algo más que un escritor notable y un pedagogo de positiva influencia: fue también un hombre de acción que desarrolló hasta poco antes de su muerte una actividad incesante, con el propósito de influir en las circunstancias político-social de su tiempo.


A Alberto Lista
de Rafael María Baralt


¡Bien haya la piedad que augusta ofrenda
de oliva y lauro a tu inmortal memoria
justiciera dedica y tu alma gloria
a las celestiales musas encomienda!

¡Que en la patria infeliz acaso encienda
espíritu vital tu clara historia
y trueque en oro nuestra vil escoria,
llama de honor, que de virtud sea prenda!

Mas no será; que envejecida España
varones como tú ya no concibe,
ni en fecunda labor produce un hombre.

Murió la ínclita edad, ni héroe, ni hazaña
la presente enaltece, y triste vive
sin amor y sin fe, sin Dios, sin nombre.

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